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El
efecto Gehry
Frank Ghery revolucionó
la arquitectura y se convirtió en un genio. El proyecto que realizó no
sólo puso a Bilbao en el mapa y en los libros de arquitectura más
vanguardista, sino que además creó un modelo a imitar.
Frank Gehry, eres un genio!, exclamaba el propio Gehry ante el volumen
formado por una hoja de papel arrugado que, en un arrebato de mal genio
provocado por la solicitud de Marge Simpson para que acudiera a
Springfield a construir un edifico, había arrojado airadamente al suelo.
Ghery presentaba orgullosamente ese volumen como su nuevo gran proyecto,
el cual, una vez construido, sobrevivía brevemente como gran auditorio
enaltecedor de la vida cultural springfieldiana, para acabar acogiendo
espectáculos baratos de variedades y logrando sobrevivir al derribo
transformándose en cárcel.
Frank Gehry es la única celebridad arquitectónica capaz de dar el paso
irónico de parodiarse como “el arquitecto más importante del mundo” para
servir a un argumento que, satirizándola, confirma la situación de la
arquitectura como actor de la sociedad del espectáculo. No es una
licencia de la ficción el representarlo eufórico llamándose genio a si
mismo. Entrevistándole en las oficinas del Museo, faltando pocos meses
para su inauguración en octubre de 1997, resultaba evidente que Frank
Gehry era consciente de que el Guggenheim Bilbao le había encumbrado.
Sintetizó cualquier explicación sobre aquel edificio suyo, aún en obras,
en una sola expresión: “Oh! Es espectacular!”. Se congratulaba de haber
sido capaz de concebir un edificio único, que el mundo observaba
expectante denostándolo y ensalzándolo con el mismo apasionamiento.
Dinamismo Exaltado.
El encargo que recibió de
Thomas Krens (entonces director del Museo Guggenheim de nueva York)
consistía en crear un edificio “provocativo” y explicaba orgulloso cómo
él era quien mejor sabía qué tipo de espacios requieren sus obras. “He
pasado mi vida con artistas y ellos no quieren un edificio neutro para
su arte. Quieren un espacio que sea potente”, aseguraba. Ghery es el
creador de un vocabulario arquitectónico propio y único que ya
evidenciaba una fuerte definición desde sus obras más tempranas: una
tensión es el elemento unificador de sus edificios desafiando las
convenciones de la arquitectura tradicional, con sus geometrías
fracturadas, a la búsqueda de un dinamismo exaltado, operando desde una
específica sensibilidad hacia la cualidad brutas de los materiales.
El sentimiento de la obra de Gehry transcendía desde sus comienzos los
esquemas de la postmodernidad o cualquier intento de formular un
postulado social o ideológico. Creciendo desde la pequeña a la gran
escala, su arquitectura era una reacción visceral del desorden e
incertidumbre del espíritu contemporáneo y una afirmación de la
necesidad de la libertad individual y del reconocimiento de la
complejidad del pluralismo como esencias del presente.
El Guggenheim Bilbao es, sin ningún género de dudas, la obra
arquitectónica más trascendente y revolucionaria de los últimos diez
años, y no sólo por su complejidad formal. La sinergia del “efecto
Guggenheim” generó una nueva percepción del poder de la arquitectura
como artefacto estratégico para constituir expresión global de prestigio
y poder, no sólo para los comitentes sino para el propio arquitecto.
Pero allí en el territorio de la idolatría al nombre del arquitecto, el
colosal Fran Gehry se ha erigido como el puente que ha unido la cultura
popular en la era del espectáculo mediático y globalizado.
En ese territorio, Gehry ha planteado la conversión del arquitecto en un
híbrido entre creador, negociador y figura mediática, y evidenció, desde
la reivindicación desacomplejada de esa nueva catedral como un producto
de marketing, que al buena arquitectura no se opone ni se debilita ante
la respuesta al hecho popular.

Fuente:
Arquinews.com
27 Octubre 2007
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